El nuevo boom de la inteligencia artificial aplicada a realizaciones visuales, literarias y musicales plantea inquietudes, polémicas y reclamos en el amplio y diverso gremio del arte. Las ventajas de morirse, del amor y del dolor que -por ahora- garantizan un lugar privilegiado para el ser humano en el arte.

 

Hace tiempo que se debate acerca del rol de la inteligencia artificial (en adelante IA) en el arte. Últimamente, programas como Dall-E, Midjourney, Amper Music o ChatGPT ocupan el centro de la escena, no solamente como un logro de la tecnología, sino como una amenaza a la producción cultural, al arte y -por qué no- a la humanidad misma.

Estos softwares tienen la capacidad de producir imágenes, escritos o música a partir de indicaciones textuales (prompts) específicas. Esto es posible gracias a un complejo proceso informático que utiliza IA. Si bien los softwares más populares son Dall-E o ChatGPT que pertenecen a la empresa OpenAI, fundada por Elon Musk y Sam Altman, existen varias alternativas para la creación de textos, imágenes o sonidos a través de softwares similares. Estamos hablando de imágenes, sonidos o textos muy elaborados que superan, en muchos casos, las capacidades humanas promedio.

En el mundo artístico no tardaron en aparecer inquietudes: ¿Serán reemplazados los artistas por las máquinas? ¿Cuál es el límite del desarrollo tecnológico? ¿Qué pasará con el futuro del arte? Son indicadores de preocupación, pero también cuestionamientos de una época de profundo cambio debido a la innovación tecnológica.

A fines del 2022, Jason Allen ganó un concurso en la feria del Estado de Colorado con su obra Théâtre D’opéra Spatial, generada con IA. El hecho estalló la polémica y sirvió de catalizador para el revuelo teórico, académico y artístico en diferentes medios.

A pesar de todo, se sostiene que la IA, en general, como cualquier tipo de máquina, nunca va a igualar al ser humano. En primer lugar, porque siempre, hasta en la programación misma del software utilizado, hay detrás un ser humano. En segundo lugar, porque en la mecánica de producción con IA hay, al menos, otro ser humano; un prompt artist que indica los valores o parámetros a considerar. Finalmente, en tercer lugar, aunque las máquinas puedan resolver de forma autónoma los dos puntos anteriores, el arte es algo intrínsecamente humano y es difícil “separar la obra del artista” o incluso de “la técnica”. Esto explica, en gran medida, la relevancia de artistas clásicos o de los más modernos, como Bizarrap y Shakira.

 

La Mona Lisa y el Club de los 27

¿Podemos disociar a la Mona Lisa de Leonardo da Vinci? Es decir, ¿podemos separar a una de las más grandes figuras del renacimiento de la pintura al óleo más popular del planeta? La respuesta es evidente y puede replicarse en referencia a todas las grandes obras en la historia. Artistas como Van Gogh, Munch o Jimi Hendrix no se pueden disociar de sus propias obras, ni de su técnica, ni del contexto de creación de esas obras.

Cada época tiene conceptos, técnicas y artistas que viven en una coyuntura específica, aprenden de sus colegas y antepasados y, al mismo tiempo, atraviesan momentos históricos y personales irrepetibles: amores, alegrías y tristezas de su propia experiencia de vida. A simple vista, La fuente de Duchamp (1917) es un mingitorio y el Guernica de Picasso (1937) contiene figuras casi infantiles sin ningún sentido. Cuando se aporta contexto y significado, tanto obra como artista se transforman ante la mirada del público.

La noche estrellada de Van Gogh es una de sus obras más bellas. Fue pintada desde la habitación del manicomio donde se encontraba internado. En la carta de suicidio de Kurt Cobain se lee la frase It’s better to burn than to fade away (en español: es mejor arder que desvanecerse). El joven artista que representó al grunge, fue también una expresión noventosa de la rebeldía juvenil y se constituyó en un ícono de esa época. Luego de su muerte, pasó a formar un hipotético club de artistas del rock/pop que mueren a los 27 años: Janis Joplin, Jim Morrison o Amy Whinehouse, entre otros. Su tragedia personal es parte de su obra. La tortuosa vida de Francisco de Goya, de Edgar Allan Poe o incluso de Freddy Mercury son parte del vínculo con su público que en ocasiones mejora o se desarrolla post mortem

La causa profunda de la expresión artística es un elemento que ninguna máquina puede inventar, por el mero hecho de que no sienten, no sufren, no temen morir. Para llegar a igualar el proceso de empatía habría que elaborar una máquina que sienta como los seres humanos y exigirle (o pedirle) que lo exprese artísticamente. La inteligencia artificial nunca podrá morir a los 27 años a causa de una sobredosis. En esto, el ser humano lleva la ventaja.

No se trata de romantizar el sufrimiento humano. Existen grandes piezas basadas en aspectos bellos de la vida, como El beso de Klimt (1908) o la Marcha Nupcial de Mendelsohn (1842). Recientemente, Camilo y Evaluna eligieron hacer una canción para comunicar algo bello: Índigo es la canción que le dedicaron a su hijo por nacer. Este hit lanzado en octubre de 2021 no era solamente una canción más, era una expresión de belleza que estos cantantes deseaban compartir con su público. La obra en sí misma, el contexto y los artistas eran indivisibles.

 

Shakira decapitando a Holofernes

En 1620, aproximadamente, Artemisa Gentileschi (una de las máximas exponentes de la escuela de Caravaggio) terminó su obra Judith Decapitando a Holofernes. La triste historia detrás de la pintura es que fue ejecutada como un acto de catarsis producto del dolor de la artista. Gentileschi fue violada por su profesor Agostino Tassi. La tragedia que atravesó, incluso durante el juicio que llevó a su maestro a ser desterrado de Roma, sirvió como catalizador. Artemisa utilizó su imagen para retratar a Judith, que decapita a Holofernes en el clásico relato bíblico, en el cual ella es la heroína. La artista es considerada una precursora del feminismo al elegir siempre mujeres fuertes e independientes para inmortalizar en sus obras.

El arte, como forma de catarsis, de expresión de bronca e incluso como elegante manera de destruir figurativamente a otro, ha sido la manera que Shakira eligió en su sesión con Bizarrap. De trasfondo, el engaño, la ruptura de una pareja de muchos años y la figura de la mujer fuerte e independiente en el centro.

En esto Bizarrap ha sido muy elocuente. No es la primera vez que pone a disposición su espacio y su talento para que artistas se manifiesten con respecto a una disputa de su vida personal. Tal fue el caso de Residente con J. Balvin o Duki al retratar su ascenso profesional. La sesión de Shakira fue mediáticamente excepcional. Existe una razón para el boom de visitas y los clics, las opiniones cruzadas en internet y la atención que pusieron los medios a este lanzamiento. La audiencia quería ver cómo funcionaba la dupla de dos grandes referentes populares del momento, en el contexto de una ruptura romántica con rumores de infidelidad.

La noticia, la novedad, la empatía, lo simbólico, lo real y lo ficticio se combinaron en una explosión de memes y comentarios que provocaron, justamente, lo que cualquier artista desea: impacto en una audiencia, múltiples interpretaciones, empatía, enojo, diversión o aversión. El impacto logrado no hubiera sido posible sin la historia previa -personal- de cada una de las estrellas involucradas.

No faltan quienes creen que las sesiones de Bizarrap son una forma de arte menor, el tiempo lo dirá. Pero hay algo que el joven de Ramos Mejía entendió mejor que muchos de sus contemporáneos: el significado de su espacio, las formas del arte urbano y la manera en la que circula la información o la expectativa en el mundo actual.

Cuando Robert Moog inventó el sintetizador moderno en los años 60, decía que asustaba a la gente a tal punto que las reacciones se podían comparar con lo sucedido con las culturas primitivas que creían que las cámaras podían atrapar el alma de las personas. Moog cambió la historia de la música gracias a la tecnología. Hoy los sintetizadores analógicos llevan su nombre.

La IA, como cualquier otra tecnología, es una herramienta. El día que una máquina pueda nacer, vivir y morir, quizás pueda igualar a la humanidad en producción artística. Mientras tanto, disfrutaremos de las sesiones de Bizarrap, de festivales musicales o de un buen vinilo de Astor Piazzolla (todavía hay quien se empecinan en discutir su pertenencia al tango). Primero hay que saber sufrir, después amar y después partir. ¡Buena suerte con eso, IAs!

 

Ilustración: @ren.lu.m