Como cada 7 de agosto, día de San Cayetano, y adhiriendo o no a perspectivas religiosas de la vida, miles de trabajadoras y trabajadores de la economía popular se movilizaron con sus agendas y reclamos. Bajo la consigna «Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo», las organizaciones nucleadas en la UTEP pidieron una vez más que se les reconozca los derechos a quienes se inventan su propio laburo.

 

Pasadas las 11 de la mañana avanzan por la Avenida 9 de Julio, desde Constitución en dirección al Obelisco, miles de trabajadoras y trabajadores de la economía popular. Es domingo 7 de agosto y bajo la consigna de “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo” se ponen en movimiento, una vez más, muchas personas de esa multitud anónima que cada día se inventa su trabajo. Nutrida la columna sur, se entremezclan las banderas de distintas organizaciones de los distritos bonaerenses de Berazategui, Avellaneda, Almirante Brown, Presidente Perón, Florencio Varela, Lomas de Zamora y otras zonas contiguas.

Delante de la bandera del Movimiento Evita de Quilmes, ocupando más de cincuenta metros, varias docenas de personas llevan consigo picos y palas, bordeadoras de césped y horquillas, carretillas y carros con cartones, canastas con alimentos. Son sus instrumentos y productos del trabajo que realizan a diario.

Un notero de Crónica se pasea buscando testimonios. Pregunta si quieren trabajar o están bien cobrando un plan. Varios muchachos y chicas se alejan al verlo, se niegan a dar declaración, quizás suponiendo que los suyos no serán testimonios de vida sino justamente declaraciones de culpabilidad, ante el juicio social que a veces –mucho en coyunturas como la que atravesamos— busca estigmatizar, canalizar broncas y frustraciones en una escalera de verdugueos en la que cada quien se la agarra con el que tiene más abajo dentro de la jerarquía social. Una mujer se le anima al notero y le dice que el principal problema es llamar “planes sociales” a “programas de trabajo”. Que allí todo el mundo labura y que se llevan adelante todo tipo de proyectos laborales en todas partes del país. El notero insiste: “¿Más planes o más trabajo?”. Un manifestante con bandera argentina al cuello expresa su cansancio con una breve frase: “Basta, flaco, dejá de hacer preguntas capciosas”.

Las columnas se detienen cada unos metros, la cosa recién empieza y otras columnas arribarán al punto donde se sitúa al escenario desde otras geografías. Este cronista se acerca a una pareja que reparte algo para ver qué es ese algo. Resulta ser una bolsita celeste con un pancito adentro y una estampita de San Cayetano que acompaña las consignas que convocan a la movilización. Graciela y Mateo cuentan que hacen eso desde 2016, cuando marcharon por primera vez junto a los movimientos sociales. Y que de ese modo tratan de mostrar el trabajo que hacen cada día desde la cooperativa de panificación a la que pertenecen, pero también para compartir el pan. “Símbolo de la hermandad”, piensa este cronista.

Al llegar al punto del escenario, en la intersección de la Avenida de Mayo y 9 de Julio, los colores, siglas y nombres de banderas se multiplican: Barrios de Pie, CCC, Organización 25 de Mayo, MTE, Frente 22 de Agosto, Frente Popular Darío Santillán, Corriente Popular Eva Perón son algunas de las que esperan que ingrese, por Avenida de Mayo, la columna que llega caminando desde Liniers, encabezada por el Frente Agrario Evita y el Movimiento Nacional Campesino Indígena, que desde un camión levantan los alimentos agroecológicos que producen en distintos lugares de la provincia de Buenos Aires. Desde un “autoparlante” cuentan que acciones similares se están desarrollando en simultáneo en casi todas las provincias del país.

Detrás, la multitud, que avanza con bombos y redoblantes en algunos tramos, jóvenes que saltan y gritan canciones, y una gran mayoría, exhausta, que camina en silencio. El acto comienza alrededor de las dos de la tarde, con las estrofas del himno nacional que se transmiten por grandes parlantes situados sobre el escenario.

 

Para ver hay que querer observar

Por segundo año consecutivo, la movilización del 7 de agosto fue convocada por la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP). La pandemia impidió que la Plaza de Mayo contara con una masiva movilización en 2020, así que fue recién el año pasado cuando la UTEP marchó como tal, por primera vez. Las columnas partieron entonces desde Liniers con el estandarte de San Cayetano y la bandera con la consigna de “Tierra, Techo y Trabajo”, las tres T señaladas por el Papa Francisco que retoman a su vez el emblemático lema de “Paz, Pan y Trabajo” que la CGT levantó como bandera de enfrentamiento a la última dictadura cívico-militar en 1981, cuando también se invocó a San Cayetano para inspirar rebeldías.

La de agosto de 2016 fue la primera movilización realizada por un conjunto de organizaciones que por años permanecieron enfrentadas, o al menos distanciadas o sin contacto entre sí, y que se reunieron para parir aquello que los medios de comunicación rápidamente bautizaron con el “Triunvirato de San Cayetano”, conformado por el Movimiento Evita, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y el Movimiento Barrios de Pie. Sin embargo, en la CTEP, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, confluían a su vez una gran cantidad de movimientos.

Con el correr de los años y la multiplicación de movilizaciones contra el gobierno encabezado por Mauricio Macri, “Los Cayetanos” dejaron de ser un tridente para transformarse en un espacio de congregación de decenas de experiencia de organización social y comunitaria en todo el país, que en diciembre de 2019 deciden dar el paso de coordinación de movimientos sociales con trabajo territorial a conformación de sindicato, que incluso reclama su ingreso a la CGT y la necesidad de reconfigurar un nuevo movimiento obrero organizado también con la CTA.

Como parte de ese recorrido, el 1º de Mayo pasado la UTEP realizó un acto por el Día del Trabajador que logró movilizar a unas 300.000 mil personas en la ciudad de Buenos Aires, mientras otros miles hacían concentraciones en todas las provincias de la Argentina. Entonces, anunciaron la iniciativa legislativa (a la que bautizaron como “Paquete de leyes por Tierra, Techo y Trabajo”), que a través de sus diputados nacionales presentaron en el Congreso Nacional. Tres meses después, esas leyes siguen sin tratamiento en la Cámara baja.

Por eso el acto de este domingo comenzó con una lectura de los puntos centrales de aquella propuesta, antes de que hicieran uso de la palabra las y los oradores que cerraron la jornada.

Los proyectos que se reclaman son 1) para la gestación de plantas de reciclado y tratamiento de residuos; 2) para garantizar que la agricultura familiar pueda comprar tierras para producir a través de créditos blandos; 3) para crear el primer censo nacional y una red de centros de integración para las personas en situación de calle y familias sin techo; 4) para la gestación de nuevos puestos de trabajo cooperativo en el área de la construcción, dando respuestas a la emergencia habitacional; 5) para la formación de promotoras en género y diversidad y 6) para prorrogar la ya existente Ley de Emergencia Territorial Indígena, que impide el desalojo de las tierras ancestrales recuperadas.

A su modo, las intervenciones arriba del escenario recuperaron estos proyectos y la necesidad de que sean aprobados en el parlamento, en medio de una campaña sostenida que viene poniendo el foco en el problema de la “intermediación” que realizan las organizaciones. Tomaron la palabra Juan Carlos Alderete, coordinador de la CCC y ahora diputado nacional del Frente de Todos; las secretarias adjuntas de la UTEP, Dina Sánchez y Norma Morales, y el secretario gremial Gildo Onorato, quien destacó que donde muchos ven planes sociales, ellos ven cooperativas, polos productivos y proyectos socio-comunitarios.

El cierre de la concentración estuvo a cargo de Esteban “Gringo” Castro, secretario general de la UTEP, quien arremetió: “No tengan miedo de discutir con la economía popular, tenemos propuestas”. 

 

Transición: ¿al desastre o a nuevas oportunidades?

El proceso de conformación de lo que hoy se conoce como economías populares es de larga data. En la actualidad, se sintetizan bajo ese nombre una multiplicidad de experiencias, que expresan a su vez una diversidad de tradiciones y trayectorias: las organizaciones sociales durante los años kirchneristas; la emergencia del movimiento piquetero durante el menemato; el nacimiento y desarrollo de experiencias territoriales desde inicios de los ochenta. Décadas en las que el conflicto se desplazó desde las fábricas hacia los barrios y donde el territorio y lo comunitario pasaron a ocupar el centro de la escena (“la nueva fábrica es el barrio”, ya sostenía la CTA a mediados de los noventa).

Si bien inician su recorrido con este nombre bajo el segundo gobierno de Cristina (“Somos lo que falta”), fue con el macrismo y ese hambre que comenzó a golpear las puertas de los hogares argentinos que estas organizaciones crecieron, se desarrollaron masivamente y se multiplicaron territorialmente. 

A diferencia del proceso de 2001, graficado en cánticos como “Que se vayan todos”, en este nuevo ciclo la mayor parte de las organizaciones buscó combinar la lucha social con una estrategia política. Y tras la ofensiva contra los sectores populares que implicó el primer bienio de gobierno de Cambiemos, la gran mayoría optó por acompañar el proceso de conformación del Frente de Todos e incluso comenzar a ocupar con fuerza espacios en el Estado: dirección del INAES; conformación de la Secretaría de Economía Social en el ministerio de Desarrollo social de la Nación; media docena de diputados nacionales y otros tantos legisladores provinciales en distintos lugares del país; alrededor de cincuenta concejales solo en la provincia de Buenos Aires; gestión de la subsecretaría de Agricultura Familiar de la Nación –un antiguo bastión–; conquista, por primera vez, de una intendencia en un importante distrito del conurbano, como es el partido de Moreno, de la mano de la experiencia encabezada por la dirigente del Movimiento Evita Mariel Fernández.

Con algunas organizaciones más afines a Cristina, aunque la gran mayoría más cercanas a Alberto, la economía popular logró en estos últimos años mantener unidad como sector y sostenerse dentro de los equilibrios inestables de fuerzas al interior de la coalición gobernante. Incluso con números alarmantes de pobreza, pero con una economía en crecimiento y medidas que fueron ayudando a paliar la situación social, el fantasma de los malos años macristas y la esperanza de transitar senderos hacia mejores momentos fue abonando a la idea de un gobierno de transición, bajo el cual ganar tiempo, acumular fuerzas y prepararse para futuros inmediatos de avance popular. Ahora, el espectro de que la transición sea hacia el desastre y no hacia nuevas oportunidades acecha como una pesadilla los sueños de conquistar una patria diferente.

 

Foto: gentileza Prensa Movimiento Evita