¿Qué ha pasado con Kim? La pregunta inquietó a miles de espectadores durante años. Es que el de Wexler es uno de los personajes más importantes de esta historia –que arranca en el episodio 8 de Breaking Bad y se extiende durante las seis temporadas de Better Call Saul–. Junto con Jimmy McGill / Dr. Goodman, Kim Wexler es la gran heroína de esta historia de amor, de pasiones encontradas y ejercicio legal e ilegal de la abogacía, que va a precipitar a nuestros personajes en un camino que es a la vez de salvación y perdición

 

¿Qué ha pasado con Kim? (McGill – Wexler – Goodman)

La historia de amor entre Kim Wexler y Jimmy McGill se inicia en el episodio 3 de la segunda temporada de Better Call Saul, y desde entonces (y hasta el episodio 9), nos hemos preguntado una y otra vez: ¿qué ha pasado con Kim? 

Como sabemos sus espectadores, ella no aparece ni mencionada en el transcurso de los 62 episodios de Breaking Bad, y recién en este capítulo noveno de esta segunda parte de la saga dirigida por Vince Gilligan, nos enteramos cómo es (y por qué) el final de esa entrañable relación. Pero lo más importante, es que podemos saber que su historia no culmina con la muerte de la heroína (como muchos sospechamos durante varias temporadas), sino porque ella lo deja a él, y se va. La intriga es uno de los grandes temas de la serie, y mantiene a las y los espectadores con una tensión que dura años.

Entonces Kim comprende lo complejo de la situación que han producido juntos. Por separado, él es un malandrín que realiza pequeñas estafas (nada grave para el mundo donde éstas abundan, podríamos pensar); ella, una exitosa abogada, pero alejada de los más desposeídos, por quienes de algún modo comenzó a estudiar derecho, en un intento por ayudarlos. Estando juntos, en cambio, Saul se transforma en un abogado exitoso, que hace dinero defendiendo sin escrúpulos a quien sea, pero sobre todo, a quienes nadie quiere defender; ella, una feliz abogada de casos de oficio (viviendo los días más felices de su vida, según sus propias palabras). 

¿Cuál es el problema entonces? Ella es quien lo comprende con lucidez: el problema es su conexión (en vez de un círculo virtuoso, donde cada quien se va realizando y juntos disfrutan de sus vidas, en la interrelación, cada uno saca del otro lo peor). La dupla produce veneno. Aquí no funciona la frase de Perogrullo con la que Juan Taratuto tituló uno de sus films: “no sos vos, soy yo”. En esta historia el problema no es él; tampoco ella. No es lo que él le hace a ella ni lo que ella le hace a él, sino el veneno que producen cuando funcionan a dúo. 

En su célebre curso dedicado al autor de la Ética (publicado en Argentina por la editorial Cactus bajo el título de En medio de Spinoza), el filósofo francés Gilles Deleuze plantea que las enfermedades de “intoxicación” son muy fáciles de detectar, pero muy difíciles de abordar. Un cuerpo es nocivo respecto del mío, entonces actúa sobre mi cuerpo destruyendo las relaciones que me componen. Sigue en esto a Spinoza, por supuesto, y su Ética: “hay actos que tienen como dominante el de componer relaciones, y son buenos; y actos que tienen como dominante descomponer relaciones, y son actos malos”.

Kim parece comprender a fondo que sus vínculos producen un veneno que descompone sus relaciones. Eso es lo que la hace un personaje por demás interesante. La mala literatura –y vaya si la plataforma Netflix está poblada de pésimos guiones— situaría seguramente a Kim como la buena heroína que hace justicia cuando el sistema legal norteamericano falla, pero de repente, se ve corrompida por el malandrín de Saul. Pero no, aquí lo que podemos ver es a una heroína que lo es, precisamente, porque su existencia está atravesada por líneas de bondad y de maldad, porque se prende en las locuras que propone su novio (aunque de cuando en cuando lo condene porque siente que es demasiado), pero también, que se excita cuando el dispositivo de la acción se pone en marcha e incluso, lo desafía a su compañero a ir más allá cuando éste duda, o incluso él recula. Por eso Kim, cuando descubra por fin que han ido demasiado lejos, ya no puede vivir con eso, y necesita dejar atrás no sólo su vida en común, sino incluso el ejercicio mismo de la profesión que la apasiona, y por la cual sacrificó todo (como veremos a continuación).

 

“Una era ha terminado” (Jimmy – Kim – Saul)

Gran parte de ese camino por salirse de la senda del perdedor (primero como Jimmy y luego como Saul) él lo recorre junto a Kim, quien lo banca incluso en sus peores momentos: la pérdida de su licencia de abogado; el encuentro (y asociación) con los narcos; el crimen de un ex socio de su hermano. Será este último hecho, el asesinato de Howard Hamlin a manos del narco Lalo Salamanca y el rol que ella misma jugó en el proceso de desgaste público de su figura (al punto de que pase a ser recordado como un hombre con problemas de adicción a las drogas y un vínculo problemático con prostitutas –que no tenía–), lo que llevará a Kim a replantearse todo en su vida, desde su relación con Saul hasta –incluso– su profesión.

Esto queda claro en el episodio 9 de la sexta y última temporada (titulado “Diversión y juegos”, pero que bien podría haberse llamado “La gran estafa”), cuando en el funeral del abogado, Kim y Saul escuchan que el prestigioso estudio HHM, dirigido por Howard y Chuck McGill (hermano de Jimmy), cambiará de nombre. Entonces alguien dice: “una era ha terminado”. Al parecer, la era no sólo termina para el estudio, sino también para las vidas de Kim y Saul. 

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Para entonces, las y los seguidores de estas series ya conocemos parte de esta historia de Saul y Kim. emblemáticas son las secuencias del episodio cuatro de la sexta temporada, por ejemplo, cuando vemos a ella –toda una nerd— hablando sobre los casos de HHM en los pasillos del bufete, mientras Jimmy “levanta apuestas” entre los empleados que juegan a desafiarse con la predicción de quienes ganarán los premios Oscar ese año. Ella habla del estudio como de “nosotros”, siendo una empleada que estudia derecho; él, que es hermano de uno de los socios principales, estudia sin embargo a escondidas, por las noches, en la biblioteca del lugar, sin que nadie sepa de sus intentos de ingresar al mundo del derecho, más allá de sus labores diarias como empleado que lleva y trae cajas con expedientes. Esa diferencia de “tipos existenciales” podemos detectarla también en el episodio siguiente, cuando al inicio vemos la pantalla partida, primero con Kim acomodando cajas del bufete Mesa Verde (donde ha ido a trabajar luego de renunciar a HHM) y a Jimmy acomodando cajas de celulares que se propone vender una vez que ha perdido la licencia de abogado; luego, él desvelado, mientras ella duerme plácidamente. Sin embargo, como hemos dicho, las cosas no funcionan en esta historia desde un contraste entre blanco y negro, entre bien y mal, sino que se desarrolla atravesada por una gama llena de grises, con hilos totalmente enmarañados. En ese mismo episodio 7 de la cuarta temporada, Kim termina elucubrando junto a su compañero una disparatada estrategia para que Huell (el negro grandote, bondadoso pero con cara de malo, que funciona como custodio y compinche de Jimmy) no termine preso después de haberle pegado a un policía que pretendía detener a su amigo (el envío de cartas, que el mismo Jimmy envía desde remotos sitios, y los llamados telefónicos falsos de toda una comunidad que dice respaldar a Huell, por conocer su bondad, forman parte de esta apuesta delirante que favorece a su cliente). Dos episodios después, también vemos como ella empieza a hacer trampa, a realizar pequeñas estafas –en complicidad con Jimmy— para mejorar su trabajo en Mesa verde. Así y todo, ella le responde, terminante: “deberíamos usar nuestros poderes sólo para hacer el bien”, luego de que Jimmy le dijera que, en un futuro, podrían combinar sus ingenios para hacer mucha plata defendiendo a personas que pagarían lo que fuera con tal de no terminar en la cárcel. Ahí parece ser Jimmy, sin embargo, el de mayor lucidez de la dupla, porque si bien abandona el entusiasmo que le provocaba imaginar estafas futuras junto a ella, no deja de señalarle –como al pasar– que él la ayudó para “beneficiar a un cliente”, no para “hacer el bien”. 

 

“Yo cambié el fracaso por el éxito” (Saul – Kim)

Hay un momento clave en el movimiento dubitativo de Kim, en ese vaivén entre sumergirse en la aventura junto a Jimmy –ya devenido Saul—, rompiendo las reglas del juego del sistema legal, y sus señales de advertencia de que algo no marcha bien. Ese momento se produce durante el sexto episodio de la quinta temporada, cuando –a espaldas de ella– él acciona para beneficiarla en su trabajo en Mesa Verde, incluso cuando Kim le había dicho que no lo hiciera. Es el momento de máxima tensión entre la pareja. Es entonces cuando se produce el siguiente diálogo (que reproduzco completo porque ilustra de manera cabal ese movimiento de oscilación de Kim Wexler en su relación con Saul Goodman, e incluso, ese vaivén en su propio ser respecto de elegir entre el bien y el mal). 

-Kim: No me fío de ti. Has vuelto a jugar conmigo.

-Saul: Te he ocultado cosas para protegerte.

-Kim: ¿Puedes convertir una puñalada en algo para protegerme a mí? ¿Crees que eso lo justifica todo? Mírame a los ojos y dime que no volverá a pasar. No puedo creerte. Ni tú mismo lo crees. Mientes. Mientes. Esto tiene que acabar…

La escena es dramática. Ella, al borde del llanto, cuando todos intuimos que va a abandonarlo, le dice que, o bien terminan la relación o sino… ¡tienen que casarse!

Y efectivamente, en el siguiente episodio, los vemos contraer matrimonio. Sin fiesta, sin invitados, sin anillos, sin luna de miel. Todo racionalmente calculado para contar con el amparo legal en caso de complicaciones (beneficio de estar casados: la ley no puede obligar a nadie a declarar en contra del esposo o esposa). Es uno de los momentos más helados de la historia, que se corta con el gesto de dulzura de Huell, quien les sale de testigo, pero también, quien inmortaliza ese instante sacándoles una foto, y dándoles un tierno beso a cada uno. 

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Durante el episodio 9 de la quinta temporada, titulado “El camino de las malas elecciones”, cuando Kim conversa con Saul, él le dice que fue “mala idea” haber cambiado su trabajo en Mesa Verde para dedicarse a sus causas de oficio. Ella le retruca que lo apoyó cuando él decidió dejar de ser Jimmy para transformarse en Saul. Comentario al que él retruca con un crudo: “Yo cambié el fracaso por el éxito”. ¿Ha sido así en verdad? ¿O el éxito de haber logrado recibirse de abogado y trabajar en el oficio, compartir su vida junto a la mujer que ama y haber logrado realizar ese corte de amarras con su historia familiar terminará estallando por los aires producto de la codicia y ese precipitarse siempre hacia un paso más allá de lo permitido?

 

“Recompensa y castigo” (Howard – Saul – Kim)

En la sexta (y última) temporada de Better Call Saul todo se precipita. El blanco y negro del inicio de cada episodio, indicando los tiempos por venir, van ganando cada vez más espacio: un gris que no expresa sólo una cuestión temporal, sino también existencial. 

Si bien el primer episodio se inicia a color, ya es un presente que ha avanzado cronológicamente en la línea temporal de la historia. Podemos ver el momento en que la policía desmantela la casa de Saul, con todos sus lujos y excentricidades: un auto de alta gama; decenas de camisas a color; una gigantografía con su figura (que termina en la basura). Y un detalle fundamental: la tapa de una bebida de lujo tirada en el cordón de la vereda.

En el episodio 6 vemos a Saul, en el pasado, comprar una botella de tequila Zafiro Añejo para festejar con Kim su “Día D” de maldad con Howard. Antes de comprarla, el vendedor le advierte que tenga cuidado, porque es filosa. Saul asiente, y le responde que tendrá cuidado. Pero como hemos visto, no basta la prudencia de uno en esta relación. En ese mismo episodio, cuando la farsa que ha montado Saul para ayudar a Kim en un caso fracasa y él le dice que “será otro día”, ella le retruca: “será hoy” (a pesar de que todo indica que de proseguir con la estafa todo puede salir muy mal, cosa que de todos modos no sucede). 

La serie avanza con todos los sinsabores que los contrastes generan. Como en el episodio 2, cuando luego de haber visto que la temporada se inicia con la debacle de Saul, se retoman las escenas de la vida conyugal y vemos a ambos, felices, compartiendo su pasión por el oficio, y sus “travesuras”. Es en este episodio, titulado “Recompensa y castigo”, cuando vemos a Kim más sumergida en esa adrenalina que le provoca ese juego de “hacer el mal”, o de las pequeñas estafas, al punto que el propio Saul se sorprende. Ella, exultante porque dice haber tenido –profesionalmente—el día más feliz de su vida, insta a Saul a contar con su propio despacho y un auto “más americano, de mayor estilo”. También insiste en embaucar a Howard, “con lógica, para no levantar sospechas”. Es el mismo episodio en el que Kim termina estafando a la pareja de estafadores que Saul vuelve a contactar, en búsqueda por representar, y que desiste luego de la negativa de éstos, que amenazan con denunciarlo. El tránsito por el empinado sendero parece no tener punto de detención. 

En el episodio 7, el “chiste” de engañar a Howard, haciéndolo quedar como un adicto incoherente en una negociación judicial, culmina con una estremecedora interpelación de éste a ellos dos. En un largo monólogo frente a ambos, Howard les dice que su matrimonio tambalea, que ha contraído deudas, que se ve acusado públicamente de ser un adicto cuando no lo es. Pero que así y todo, cree que se repondrá. No como ellos, les recrimina. “Ustedes no. Ninguno. No tienen corazón”. También recrimina a Kim haber entrado en ese juego: “Jimmy, tú eres así, Chuck lo sabía de toda la vida. Pero tú (mirándola a ella). Una de las personas más listas y prometedoras que conozco. ¿Es la vida que eliges?”. Howard les dice que les va bien juntos y que se sorprende de descubrir que no es por dinero –como pensaba al principio—que se han lanzado a destruirle la vida. “No es por plata. Se divierten. Se ríen”. Es otro de los momentos de gran tensión en esta historia, porque Howard, deshecho pero no rendido, los interpela. Les dice que son dos sociópatas, pero que él dedicará su vida a que todo el mundo sepa la verdad. Las velas titilan. Cara de espanto de Kim y de Saul. Por detrás de Howard, arma en mano, avanza el narcotraficante Lalo. Howard sólo llega a decir: “¿Que pasa aquí? Y luego: “Yo estoy de más”. Pero ya es tarde. Nadie, nunca, sabrá la verdad de boca suya. Su respiración se corta al instante, cuando Lalo le aseste un tiro en la cabeza. 

 

“Me divertía demasiado” (Kim – Saul)

El acontecimiento trágico de Howard parte en dos la serie, aunque acontezca casi al final de esta historia. Si bien en el episodio nueve podemos ver a Saul a punto de estrenar su nuevo estudio, y a Kim trabajando en Tribunales, rápidamente todo se desmorona: tras el velorio de Howard, Kim le confiesa a Saul que sabía que Lalo no había muerto y que lo estaba buscando, porque ella se había reunido con Mike, quien se lo contó, y prometió protección. Mike, el entrañable jefe de seguridad del narco Gustavo Fring, es quien había dicho a Saul que tenía que repetirse, una y otra vez, esas palabras que él le había dicho. A saber: que un día uno se da cuenta de que es capaz de olvidar. ¿Sería así?

De la vida cotidiana como si nada hubiese pasado, pasamos rápidamente al proceso de desmoronamiento: en Tribunales, Kim anuncia ante el juez, en pleno juicio, que deja el derecho, que ha presentado su renuncia al Colegio de Abogados. Al llegar a su casa, Kim arma las valijas y cuando llega Saul le dice: “Jimmy, he pasado los mejores momentos de mi vida contigo. Pero perjudicamos todo lo que nos rodea. Otras personas sufren por nuestra culpa. Juntos somos veneno”.

Saul intenta argumentar que ser abogada es su vida; que juntos se hacen felices y eso no puede ser malo; que la muerte de Howard no ha sido culpa de ellos… Pero no hay caso. Kim insiste en subrayar que lo ama, pero asimismo, en que es consciente de que son “mala influencia uno al otro”. Las cartas parecen estar echadas. Kim le dice que no le contó lo de Lalo porque sabía que, si lo hacía, él se echaría la culpa, sentiría miedo por ella, le propondría que huyeran y luego de un tiempo… romperían. Y ella no quería eso. No lo quería –dice– “porque me divertía demasiado”.

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Es el fin de la historia de amor (aunque no del todo), más no de la historia de esta serie. Aún queda por resolverse el enigma de la vida de Saul después de la ruptura, cuando ya sabemos –por todos los adelantos en blanco y negro que hemos visto a través de los inicios de los episodios anteriores– que está avejentado, viviendo en Nebraska (bajo el nombre de Gene Takovic), trabajando en una casa de comidas en un shopping, silencioso y con expresión adusta. Pero esa es la historia de los dos últimos episodios, que casi podría ser una serie aparte. 

En este episodio 9, aún vemos a Saul Goodman, y en acción. Lo vemos primero en su casa de lujo, rodeado de sus camisas a color y sus corbatas llamativas, acompañado de prostitutas. Lo vemos luego estacionando su auto en el lugar reservado para discapacitados. Lo vemos hablando por teléfono, como un cuervo, tratando de captar la atención de un potencial cliente, a quien vio en el diario por haber padecido un accidente. Lo vemos, finalmente, sentado en su escritorio, rodeado de una estatuilla de la Justicia, su taza con el dibujo de las balanzas (símbolo de la Justicia) y la inscripción “Abogado… el más grande del mundo”. Tras un chasquido de dedos se comunica con su secretaria por el operador telefónico. Y exclama, con mirada taciturna: “hágase justicia aunque se hunda el cielo”. 

Continuará…

 

Portada: Lucas Bullones